domingo, 24 de julio de 2016

Detalles de una meada


Cuando entré al baño fue como regresar unos 18 o 19 o 20 años, incluso, en el tiempo. El olor era el mismo. Ese hedor a meados infanto-juveniles que tenía el baño del colegio de Cerro Navia (hasta donde llegué para hacer fotos de los haitianos que se instruyen en el castellano-chileno) me transportó a cuando estudiaba en el adventista, en La Caro, cuando aún no remodelaban el colegio y en el baño nosotros decíamos que andaban duendes. Éste baño era más chico, eso si, bastante. Era más iluminado y con el piso menos mojado, pero el olor era igual. Me miré al espejo y leí justo a la altura de la nariz: "Loz Peluzoneh" y no dudé en los profesores de lenguaje, pero si admiré la capacidad casi divina de los pendejos actuales por mantener el respeto ante sus pares, escribiendo como las reverendas pelotas. Entré en el tercer baño (y último) y encontré un clásico, con plumón azul y dibujado: "PICO PAL QUE LEE"
Mientras meaba, despachando el té que la Maca me había servido hirviendo en vaso de plumavit y que me quemó la punta de la lengua, miraba a la derecha, y otra vez "loz peluzoneh" y a la izquierda, un número de teléfono con un nombre irreproducible que decía: "lo chupa rico" 
No logré recordar si en mi colegio, en el cuál, todas las mañanas nos hacían cantar el mismo repertorio: "Mi ángel blanco que me protege, me lo ha mandado mi buen Jesús" seguido por el de melancólica melodía: "Jesusito de mi vida, fuiste niño como yo, por eso te quiero tanto, y te doy mi corazón" habían mensajes tan explícitos como el del número telefónico con tan animada sugerencia. Debe haberlos habido, pero no con número, pues, en esos años, con suerte tu papá tenía un Nokia que pesaba casi lo mismo que uno y se lo colgaban al cinturón. De teléfonos, cuando yo era chico, ni hablar. 
Lo que si recordé, también, fue la patada de mi compadre a la puerta de uno de los baños y la cabeza del que estaba adentro, rota, sangrando. Cagazo. Tanto así que, cada vez que hay una junta, todos ríen hasta acordarse de eso. Cómo si estuviera pasando, todos bajamos la voz y lamentamos. 
Un weon que cagaba (¿cagaba o sólo estaba encerrado adentro del baño?) y terminó con la cabeza rota por que otro pateó con fuerza la puerta y se la incrustó en el mate. 
Volví a mirarme al espejo y loz peluzoneh seguían ahí, pero más a la derecha, por que, de adrede, me lavé las manos en la última llave, para no volver a tener a esos pelotudos frente a mi cara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario